El Barça de Flick se derrumba en Sevilla: 4-1 y adiós al liderato

El Barça se desplomó en el Ramón Sánchez Pizjuán. Un 4-1 ante el Sevilla que duele, no solo por el resultado, sino por la sensación de impotencia.
Los de Hansi Flick salieron sin alma, sin ritmo y sin ideas. Perdieron el liderato, el invicto… y, por momentos, el rumbo.

Sin intensidad, sin reacción

Desde el primer minuto, el Barça se vio superado por un Sevilla que jugó con una intensidad que los culés nunca igualaron.
El penalti señalado a Araujo —forzado, revisado por el VAR y ejecutado por Alexis Sánchez— marcó el tono del partido. A partir de ahí, el equipo se descompuso.
Ni Pedri ni De Jong lograron tomar el control del centro del campo. La presión sevillista fue asfixiante, y el Barça volvió a cometer los mismos errores que contra el PSG: balones perdidos, desajustes atrás y cero colmillo arriba.

Rashford dio luz… pero solo un instante

El gol de Rashford, justo antes del descanso, fue lo único rescatable de la tarde. Un gesto de calidad que recordó al jugador decisivo de Manchester, pero que se quedó en eso: un destello en medio del caos.
El Barça se fue al vestuario con vida, pero no con fe. Y en la segunda parte, el guion fue aún peor.

El penalti fallado que cambió todo

Con 2-1 en el marcador, el Barça tuvo la oportunidad de empatar. Balde forzó un penalti claro y Lewandowski, el de siempre, se preparó para redimir al equipo.
Pero el polaco falló. El disparo se fue desviado, como si reflejara el estado anímico del grupo. Y a partir de ahí, el equipo se vino abajo.

Flick, sin respuestas

El alemán movió piezas —entraron Eric García, Balde y luego Bardghji—, pero nada cambió. El Barça siguió plano, sin profundidad, sin rebeldía.
El 3-1 de Carmona y el 4-1 de Akor Adams fueron el cierre cruel de una noche que deja cicatrices.

Flick, que había conseguido construir un equipo sólido en Liga, se encontró con su primera gran crisis: dos derrotas seguidas, nueve goles encajados en una semana y la sensación de que el equipo se apaga cuando más debe competir.

Un toque de atención para todos

Las bajas pesan, sí. Pero el Barça no puede esconderse tras ellas.
Falta intensidad, falta liderazgo, falta hambre.
El equipo de Flick necesita recuperar lo que lo hizo competitivo: presión alta, ritmo, y sobre todo, mentalidad.

Porque lo que se vio en Sevilla no fue un accidente: fue una alarma.
Y el calendario no espera: Girona y Real Madrid son los siguientes.


El Barça debe levantarse.
No por el liderato, sino por orgullo.
Porque si algo no se negocia en este club, es el carácter.

En Blaugrana Press, lo diremos sin rodeos: el proyecto de Flick tiene bases sólidas, pero noches como la de Nervión recuerdan que aún falta mucho camino por recorrer.