El fútbol español ha vuelto a demostrar su problema más viejo: la falta de coherencia arbitral.
En menos de 24 horas, el VAR intervino para castigar al FC Barcelona en Sevilla y, en cambio, miró hacia otro lado en el Bernabéu.
Dos penaltis, dos decisiones opuestas y un mismo resultado: la sensación de que el criterio cambia según el escudo.
En Sevilla, el VAR castigó lo que no existió
Minuto 11, Ramón Sánchez Pizjuán.
Ronald Araujo disputa un balón dividido con Isaac Romero. El uruguayo gana el cuerpo a cuerpo, sin empujar ni derribar. El árbitro Muñiz Ruiz deja seguir… hasta que Del Cerro Grande, desde el VAR, lo llama para revisar la jugada.
Tras varios minutos, el colegiado decide señalar penalti por un supuesto pisotón.
Una acción que ni siquiera en cámara lenta resulta concluyente.
El Sevilla marcó el 1-0 y el partido cambió por completo.
Otra vez, el Barça a remolque por una decisión interpretativa, no por un error claro.
El VAR, que nació para evitar injusticias flagrantes, volvió a actuar como juez de opinión.
Y lo hizo, casualmente, en contra del Barça.
En Madrid, el VAR desapareció
Un día después, en el Real Madrid 3-1 Villarreal, ocurrió justo lo contrario.
Minuto 69, Vinicius cae en el área tras un leve contacto de Rafa Marín. El árbitro Cuadra Fernández pita penalti sin dudarlo.
Una acción más que discutible: hay roce, sí, pero el brasileño se deja caer con facilidad.
El VAR, esta vez, no intervino.
Lo curioso es que esa falta de revisión llegó justo después de la polémica de Sevilla.
Dos jugadas similares —ambas con contactos mínimos— y dos criterios completamente distintos.
El exárbitro Iturralde González, en Carrusel Deportivo, fue claro: “No hay suficiente contacto para penalti. No es un error grave, pero tampoco es una falta clara”.
Dos pesos, dos medidas
La pregunta es sencilla:
¿Por qué en Sevilla el VAR actúa y en Madrid no?
¿Por qué se reinterpreta una jugada dudosa para castigar al Barça y se deja pasar otra igual para beneficiar al Madrid?
La tecnología no es el problema. El problema es quién la usa y cuándo decide usarla.
Y esa inconsistencia ya no solo afecta al Barça: afecta a la credibilidad de LaLiga.
El fútbol necesita justicia, no interpretación
El barcelonismo no pide privilegios. Pide igualdad de criterio.
Si el VAR entra en una jugada como la de Araujo, debe entrar también en la de Vinicius.
O en ninguna.
Porque lo que mata al fútbol no son los errores, sino la sensación de que no todos juegan con las mismas reglas.
En el Pizjuán, el VAR cambió el rumbo del partido.
En el Bernabéu, el VAR lo mantuvo.
Y entre una decisión y otra, se perdió lo más importante: la imparcialidad.
El problema no es el VAR, es quién lo maneja
La jornada deja dos resultados distintos, pero una misma certeza:
el VAR en España sigue sin criterio unificado.
Hasta que no haya transparencia, comunicación y responsabilidad, el debate será eterno.
El Barça perdió en Sevilla. El Madrid ganó en casa.
Pero quien sigue perdiendo, jornada tras jornada, es el fútbol español.
En Blaugrana Press, lo decimos sin rodeos: mientras el reglamento tenga dos lecturas, la justicia seguirá dependiendo del color de la camiseta.